Estaba con mis pies volando sobre el puente, mientras permanecía sentada, mirando el agua de aquel pequeño lago. La luna ya estaba más que puesta luna llena, maravilloso, y el cielo estaba estrellado. Todavía me sentía mal por lo sucedido dos días atrás con mi madre. No nos habíamos dirigido la palabra en todo este tiempo, y yo ya había llorado hasta cansarme, hasta quedarme dormida, hasta sentir que mis ojos no producirían más lágrimas. Y estaba castigada, como colmo de los colmos. Pero eso no me detuvo para salir al puente a esperar a que alexander apareciera. Era un lugar poco transitado, y se veían autos en una que otra ocasión, pero no muy constantes, había tenido que tomar un taxi para tener que llegar.
Pero alexander aún no llegaba, por lo que me senté a esperar, me puse a pensar en por qué lo hacía, normalmente no hacía cosas así de lindas por alguien, porque normalmente me agradaba pensar más en mí. Era egoísta, lo aceptaba, pero si me ponía a pensar en otras personas, como mi madre, entonces todo sería un desastre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario